La ciudad despertó sin liberar a la plaga — Parte 3

Relato de ficción original.

El ritual comenzó con una pulsación tan fuerte que Lucía creyó que el corazón de obsidiana se le había escapado de las manos. En realidad, el objeto se estaba fundiendo con ellas. La superficie negra se convirtió en luz verde y avanzó por sus brazos hasta detenerse sobre su pecho.

No sintió dolor. Sintió voces.

Miles.

Recuerdos de personas que habían quedado petrificadas: desayunos, discusiones familiares, niños corriendo por las plazas, trabajadores preparando mercados. Después llegó otra presencia, fría y confusa.

La plaga.

Balam le indicó que respirara lentamente. Lucía caminó hacia la estatua más cercana.

Una nube negra salió de la piedra y fue absorbida por la luz de su pecho.

Después otra.

Y otra.

El proceso se extendió por la ciudad como una ola.

El despertar

Los mercenarios dejaron de perseguirla. Incluso Ortega observaba en silencio.

Las estatuas recuperaron color. La mujer que abrazaba a su hija abrió los ojos. Un vendedor soltó una fruta que llevaba doce siglos sosteniendo. Personas de toda la plaza comenzaron a respirar, hablar y preguntar qué había ocurrido.

Para ellas apenas habían pasado unos minutos.

Lucía cayó de rodillas.

El corazón había absorbido la enfermedad y la mantenía contenida. Balam examinó la luz.

—No está intentando salir.

El objeto había transformado la plaga en energía estable. Lucía seguiría vinculada a él, pero no estaba condenada al templo. Podía alejarse mientras mantuviera una conexión periódica con las piedras de Yaxlum.

Ortega intentó reclamar la tecnología en nombre de la empresa.

Lucía señaló a las miles de personas que los rodeaban.

—Pregúntales a ellos.

El argumento terminó allí.

Las autoridades externas fueron informadas semanas después, pero la ubicación exacta de Yaxlum se mantuvo protegida. Lucía sabía que revelar de golpe una sociedad recién despertada atraerían gobiernos, empresas, coleccionistas y turistas antes de que sus habitantes comprendieran el mundo moderno.

Pasó años ayudando a crear un contacto gradual. Historiadores aprendieron el idioma. Médicos estudiaron la antigua plaga sin exponer a nadie. Los habitantes de Yaxlum decidieron qué conocimientos compartir y qué partes de su ciudad mantener cerradas.

Balam comenzó a debilitarse.

Su misión había sido custodiar el corazón hasta que la ciudad despertara. Ya no necesitaba permanecer.

La última noche se sentó junto a Lucía frente al templo.

—¿Qué ocurrirá contigo? —preguntó ella.

—Lo mismo que ocurre con todos los guardianes cuando ya no hace falta guardar la puerta.

Su cuerpo se convirtió en pequeñas llamas verdes.

Antes de desaparecer, apoyó la frente contra la mano de Lucía.

—Ahora les toca elegir su propio futuro.

Con el tiempo, el mundo exterior recibió noticias parciales sobre una importante ciudad arqueológica, pero nunca fotografías de su población ni coordenadas exactas.

Lucía aparecía de vez en cuando en universidades para hablar sobre conservación y responsabilidad científica.

Nunca mencionaba el corazón que seguía latiendo dentro de ella.

Y, sin embargo, algunos habitantes de aldeas cercanas cuentan que en determinadas noches puede verse un enorme jaguar negro caminando junto a una mujer por los senderos de la selva.

Lucía sabe que Balam se fue.

Al menos eso cree.

Porque cuando el animal aparece, el corazón de obsidiana emite una única pulsación verde.

Como un saludo.

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