El pacto con el rey enemigo — Parte 1

Relato de ficción original.

Durante doce años, los mapas escolares de Valdoria pintaron el reino de Arken en rojo. Los niños crecían aprendiendo que al otro lado de la frontera vivía el enemigo que había incendiado aldeas, robado cosechas y asesinado al antiguo rey. La princesa Leona nunca había cuestionado esa historia. Su padre murió cuando ella tenía ocho años y el consejo convirtió su memoria en símbolo de una guerra que parecía no terminar.

Cuando las reservas de grano comenzaron a agotarse, el consejo propuso una ofensiva final. Leona, ya heredera, pidió revisar los informes militares antes de aprobarla. Encontró cifras imposibles: batallas registradas el mismo día en lugares separados por cientos de kilómetros y suministros desaparecidos antes de llegar al frente. También halló una carta sin sello que proponía una reunión secreta con el rey Kael de Arken.

Leona aceptó acudir a una fortaleza abandonada entre ambos territorios. Kael llegó con dos guardias, no con un ejército. Era más joven de lo que esperaba y llevaba una carpeta de documentos idénticos a los suyos. En Arken, la versión oficial decía que Valdoria había iniciado la guerra y que el padre de Leona murió durante un ataque que él mismo ordenó. Los dos comprendieron que alguien había alimentado relatos opuestos con pruebas manipuladas.

Kael propuso un pacto temporal: treinta días sin ofensivas para investigar las rutas de suministro. Leona dudó. Si su consejo descubría que negociaba con el rey enemigo, podrían acusarla de traición. Sin embargo, continuar una guerra basada en informes falsos era peor. Firmaron un acuerdo privado con una condición: cualquier prueba importante sería verificada por representantes de ambos reinos.

Las primeras investigaciones señalaron a una red de comerciantes que había enriquecido vendiendo armas y alimentos a los dos ejércitos. Pero detrás aparecía un nombre más peligroso: la Casa de Merovar, una familia noble con miembros influyentes en ambos consejos. Durante años había financiado campañas, comprado mensajeros y alterado informes. La guerra no era simplemente una disputa territorial. También era un negocio cuidadosamente protegido.

Leona regresó a Valdoria y fingió apoyar la ofensiva mientras buscaba aliados discretos. Su principal apoyo fue Irena, capitana de la guardia y amiga de infancia. Irena le mostró archivos sobre la muerte de su padre. El rey no había caído en batalla. Murió durante una negociación secreta de paz. El informe original había desaparecido y fue reemplazado dos días después.

La revelación cambió todo. Si el padre de Leona estaba intentando terminar la guerra, alguien necesitaba impedirlo. Kael encontró una pieza similar: su propia madre, entonces regente de Arken, había sobrevivido a un intento de asesinato la misma semana. Ambos ataques utilizaban veneno procedente de una región controlada por los Merovar.

Antes de que pudieran reunir las pruebas, la red reaccionó. Una incursión destruyó un puesto fronterizo y dejó símbolos de Arken en las paredes. El consejo de Valdoria exigió represalias inmediatas. Leona sabía que el ataque estaba diseñado para romper la tregua secreta. Kael envió un mensaje asegurando que sus tropas no habían cruzado la frontera.

Leona se presentó ante el consejo y pidió cuarenta y ocho horas antes de declarar una ofensiva. El canciller Merovar se levantó furioso y la acusó de debilidad. Entonces pronunció una frase que solo aparecía en la carta secreta enviada por Kael. Leona comprendió que él sabía de la reunión. El pacto ya no era secreto y, si quería sobrevivir políticamente, tendría que hacer algo que ningún heredero de Valdoria había hecho en generaciones: admitir públicamente que el rey enemigo quizá no era el verdadero enemigo.

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