La boda que debía detener una guerra — Parte 2

Relato de ficción original.

Leona no tuvo tiempo para una investigación lenta. El consejo votaría la ofensiva en tres días y Merovar controlaba suficientes nobles para aprobarla. Kael enfrentaba el mismo problema en Arken. Necesitaban una señal pública tan fuerte que ningún general pudiera fingir que las conversaciones no existían. La propuesta llegó de Irena: anunciar una alianza dinástica mediante un compromiso entre Leona y Kael.

Ninguno recibió la idea con entusiasmo. Apenas se conocían y ambos rechazaban convertir el matrimonio en una obligación sentimental. Por eso redactaron un acuerdo inusual: la ceremonia sería un pacto político con derechos individuales explícitos, revisión al cabo de dos años y ninguna exigencia de herederos. El objetivo era detener la guerra y crear instituciones conjuntas, no fingir un romance para agradar a las cortes.

El anuncio sacudió ambos reinos. En las plazas hubo celebraciones y protestas. Familias cansadas de perder hijos en el frente apoyaron la tregua; sectores nacionalistas lo consideraron una humillación. Merovar presentó la unión como prueba de que Leona había sido manipulada por el enemigo. Kael recibió amenazas similares. Aun así, por primera vez en años, los ejércitos dejaron de avanzar.

La boda se programó en la misma fortaleza donde había comenzado el pacto. Delegaciones de ambos reinos asistirían con un número limitado de guardias. Durante los preparativos, Leona y Kael empezaron a conocerse fuera de los informes políticos. Descubrieron desacuerdos reales sobre impuestos, fronteras y autonomía regional. También descubrieron que podían discutir sin convertir cada diferencia en una amenaza.

Irena interceptó un cargamento de vino destinado a la ceremonia. Varias botellas contenían un sedante potente. El plan no parecía buscar una masacre, sino incapacitar a algunos asistentes para facilitar un secuestro o fabricar pruebas. Leona decidió no cancelar la boda. Sustituyeron el vino y dejaron circular la información de que el cargamento había llegado intacto.

El día de la ceremonia, Merovar apareció como representante principal del consejo de Valdoria. Durante los votos, un grupo de supuestos guardias de Arken intentó entrar en la sala privada de archivos. Irena los detuvo y descubrió que llevaban uniformes falsos. Entre sus pertenencias había órdenes firmadas con el sello de Merovar y una lista de documentos que debían desaparecer.

Kael hizo detener a sus propios consejeros vinculados con la Casa Merovar. La red era más amplia de lo previsto y había funcionado precisamente porque cada reino culpaba al otro de cualquier irregularidad. La boda, diseñada para ser un símbolo, se convirtió en una operación conjunta. Soldados que una semana antes se habrían apuntado con armas registraron juntos los túneles de la fortaleza.

En una cámara sellada encontraron los archivos originales de las primeras negociaciones de paz. Allí estaba la prueba de que el padre de Leona y la madre de Kael habían acordado terminar la guerra doce años atrás. Merovar y sus socios provocaron ataques simultáneos para sabotear el acuerdo y mantener sus contratos militares. Leona sintió rabia, pero también alivio: por fin existía una explicación verificable.

Cuando regresaron al salón, la ceremonia continuó. Leona y Kael completaron el pacto sin prometerse amor eterno. Prometieron algo más concreto: transparencia en los archivos de guerra, una comisión fronteriza y el derecho de ambos pueblos a conocer cómo había empezado realmente el conflicto. Al final, Kael recibió un mensaje urgente. Merovar había escapado de la custodia y se dirigía hacia el frente, donde miles de soldados aún no sabían que la guerra había sido construida sobre una mentira.

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