Relato de ficción original.
La puerta de la biblioteca cedió antes de que Elia pudiera pensar. Tres guardias entraron con las espadas desenvainadas. Mara levantó las manos, pero uno de ellos se dirigió directamente hacia la princesa.
—Por orden del rey, debe acompañarnos.
Elia preguntó por qué. Nadie respondió.
Cuando el guardia intentó sujetarla, la sombra de Elia se levantó del suelo como una pared. El hombre retrocedió sorprendido. La princesa no sabía cómo lo había hecho. Solo sabía que la oscuridad parecía responder a su miedo.
Mara abrió una puerta oculta entre las estanterías. Ambas escaparon por un corredor que descendía bajo el palacio.
Allí encontraron una red de túneles más antigua que la fortaleza. En las paredes había símbolos iguales a la marca de Elia.
—Los Nerez construyeron esto —explicó Mara—. Durante siglos fueron los verdaderos guardianes de la frontera nocturna.
Elia exigió conocer la verdad sobre su madre.
Su nombre era Selene Nerez. Había sobrevivido a las últimas persecuciones escondiendo su identidad. Se enamoró del entonces príncipe, futuro rey, creyendo que podía terminar con el odio entre las familias. Durante algunos años lo consiguió.
Después nació Elia.
Los consejeros descubrieron quién era Selene y advirtieron al rey de que una heredera Nerez podía reclamar una autoridad que la corona llevaba siglos intentando eliminar.
Selene murió poco después.
Elia preguntó si había sido una enfermedad.
Mara guardó silencio.
Lo que el rey nunca explicó
Elia llegó a una cámara subterránea donde encontró un mural enorme. Mostraba a personas de ojos oscuros cerrando una grieta en el cielo mientras criaturas sin rostro intentaban atravesarla.
En el centro del mural estaba la misma estrella de su marca.
Mara explicó que la frontera nunca había desaparecido. Los Nerez la mantenían cerrada mediante un vínculo hereditario. Cuando la familia fue perseguida, la barrera comenzó a debilitarse lentamente.
Elia entendió la contradicción. La corona había eliminado a quienes protegían el reino y luego ocultó que el peligro seguía existiendo.
Una vibración recorrió los túneles.
Las antorchas se apagaron.
Al fondo apareció una abertura negra, delgada como una grieta en un cristal. Algo se movió detrás.
—Ya está empezando —dijo Mara.
El rey apareció en el pasillo acompañado por la guardia.
Elia se preparó para luchar, pero su padre levantó una mano.
—No he venido a detenerte.
—Mandaste hombres a buscarme.
—Para sacarte del palacio antes de que el consejo te encontrara.
Elia no sabía si creerle.
El rey confesó que había ocultado el origen de Selene para proteger a su hija. También admitió algo peor: no había conseguido salvar a su esposa. El consejo descubrió su identidad y ordenó un ritual para suprimir sus poderes. Selene sobrevivió apenas unos días.
—¿Y los dejaste seguir gobernando a tu lado?
El rey bajó la mirada.
—Tuve miedo de perderte también.
La grieta se abrió otro poco.
Una mano hecha de oscuridad atravesó la barrera.
Mara miró a Elia.
—Solo alguien del linaje puede cerrarla.
Elia observó a su padre.
—Después hablaremos de todo lo que callaste.
Se acercó a la grieta. Su marca comenzó a brillar y las sombras del corredor se reunieron alrededor de ella, como si cientos de voces antiguas acabaran de reconocer a la última heredera.
Elia apoyó la mano sobre la abertura. Del otro lado, algo pronunció su nombre.