La carta mostraba un asesinato que todavía no había ocurrido — Parte 1

Relato de ficción original.

Samira nació ciega, pero desde niña veía cosas que nadie más podía ver. No eran imágenes normales. Aparecían cuando tocaba determinadas cartas de un mazo heredado de su abuela. Algunas mostraban acontecimientos insignificantes: una tormenta, un visitante, un caballo perdido. Otras anunciaban decisiones capaces de cambiar la vida de una ciudad entera.

Con el tiempo aprendió a no interpretar las visiones como órdenes. Una imagen podía enseñar un resultado sin explicar su causa. Samira había cometido errores por intentar impedir acontecimientos que no comprendía.

Por eso, cuando una noche sacó una carta completamente negra, decidió observar antes de actuar.

En el centro apareció un sol dorado.

Después llegó la visión.

Vio el gran salón de la catedral preparado para una coronación. Escuchó campanas. La reina caminaba hacia el altar. Un instante después estaba tendida en el suelo. La multitud gritaba. Afuera ardían varios barrios.

Y junto al cuerpo aparecía un hombre sosteniendo una espada.

Samira reconoció la voz antes incluso de ver su rostro.

Era su hermano Malik.

Faltaban cuatro días.

Una visión sin explicación

Malik era capitán de la guardia oriental y la persona en quien Samira más confiaba. No podía imaginarlo asesinando a la reina. Sin embargo, sus cartas rara vez se equivocaban sobre lo que mostraban.

Samira guardó la carta y decidió no informar inmediatamente al consejo. Quería comprender el contexto.

Antes de amanecer sacó una segunda carta.

Esta vez se vio a sí misma.

Estaba sentada junto a una ventana, inmóvil, con el mazo caído en el suelo. Los cuervos de la torre revoloteaban a su alrededor. No había duda: la visión mostraba su propia muerte.

Samira respiró lentamente.

Dos muertes.

Una coronación.

Cuatro días.

Uno de los cuervos que vivía en la torre descendió hasta su mesa y golpeó con el pico la primera carta. Samira interpretó el gesto como una coincidencia, pero el animal volvió a hacerlo.

Los cuervos siempre se comportaban de manera extraña cerca del mazo.

Samira pidió a su asistente que llamara a Malik en secreto.

Su hermano llegó al mediodía.

Samira colocó la carta frente a él y describió la visión.

Malik permaneció en silencio.

—¿Crees que soy capaz de hacerlo?

—Creo que vi una espada en tu mano. No sé por qué.

Malik dejó su propia arma sobre la mesa.

—Entonces averiguaremos por qué antes de que alguien decida por nosotros.

Comenzaron a investigar la ceremonia.

La coronación no era normal. La reina ya gobernaba desde hacía años. El acto renovaría un antiguo juramento protector vinculado a las murallas mágicas.

Según los registros públicos, el ritual era simbólico.

Según un documento sellado que Malik encontró en los archivos militares, no lo era.

El juramento requería sangre real.

Samira tocó el papel.

Una nueva visión explotó dentro de su mente.

La reina de pie ante el altar.

Una copa dorada.

El consejo arrodillado.

Y una frase pronunciada en secreto:

«Una vida por la seguridad de todos.»

Samira abrió los ojos.

La coronación no iba a terminar con un asesinato.

Iba a comenzar con un sacrificio.

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