La fotografía del futuro — Parte 2

Parte 2. Elena ya ha cruzado a la ciudad imposible. Ahora, junto a Darian, descubre que la llave puede mostrar acontecimientos que todavía no han sucedido.

Una historia que acaba de comenzar

Elena apenas había tenido tiempo de aceptar que se encontraba en una ciudad imposible cuando Darian comenzó a llevarla por sus calles. Cada rincón parecía sacado de un recuerdo que ella nunca había vivido: edificios de piedra iluminados con lámparas doradas, cascadas cayendo entre los barrios y un enorme reloj visible desde casi cualquier punto.

Darian evitaba responder algunas preguntas. Cada vez que Elena mencionaba la llave, él cambiaba de tema o aceleraba el paso. Aquello hizo que la desconfianza creciera. Si él sabía que la puerta podía abrirse, debía saber también por qué ella había sido capaz de cruzarla.

Mientras caminaban cerca de la torre principal, las campanas volvieron a sonar. Esta vez Elena pudo observar algo extraño. Las agujas del reloj avanzaron varios minutos de golpe y después retrocedieron. Nadie parecía sorprendido, como si los habitantes hubieran aprendido a convivir con ese fenómeno.

Darian finalmente explicó que la ciudad estaba atrapada entre dos líneas de tiempo. Durante años había permanecido estable, pero recientemente las fronteras entre pasado y futuro habían empezado a romperse. Personas que nunca se habían conocido recordaban conversaciones que aún no habían ocurrido y algunos edificios aparecían dañados por acontecimientos que todavía no habían sucedido.

La llave de Elena estaba relacionada con aquellas alteraciones.

En una pequeña plaza, la luz que salía del objeto aumentó de intensidad. Elena sintió calor en la palma de la mano y, sin previo aviso, una imagen apareció frente a ella. No era un sueño ni una imaginación. Era una escena clara: ella y Darian estaban juntos delante de la torre del reloj.

La ciudad guarda más de un secreto

Lo más desconcertante era que ambos parecían mucho más cercanos de lo que eran en ese momento.

La visión desapareció rápidamente. Elena intentó convencerse de que la llave había creado una ilusión, pero Darian había visto exactamente lo mismo. Su expresión cambió. Por primera vez desde que se habían conocido parecía realmente asustado.

Elena exigió una explicación.

Darian confesó que aquella no era la primera vez que veía una imagen de ella. Meses atrás había encontrado una fotografía en los archivos de la torre. En la imagen aparecían los dos juntos, exactamente en la misma plaza. El problema era que la fotografía parecía tener décadas de antigüedad.

Darian guardaba la imagen porque nadie podía explicar su origen. Cuando Elena la tocó, un círculo de luz envolvió el papel y nuevos detalles aparecieron. En el fondo se distinguía el gran reloj marcando una hora concreta: unos minutos antes de medianoche.

Elena comenzó a comprender que la llave no solo abría una puerta entre dos mundos. También podía revelar fragmentos de acontecimientos que todavía no habían sucedido.

La fotografía mostraba algo más. Detrás de ellos había una figura cubierta por una capa oscura. Darian reconoció el símbolo bordado en su ropa y su reacción dejó claro que no se trataba de un desconocido cualquiera.

Una pista que cambia todo

Según explicó, ese símbolo pertenecía a los Guardianes del Umbral, un grupo creado siglos atrás para impedir que alguien utilizara la ciudad para alterar el tiempo. El grupo había desaparecido muchos años antes, después de un conflicto relacionado con una llave muy parecida a la que ahora sostenía Elena.

Elena preguntó si los Guardianes podían haber enviado la carta. Darian no lo sabía. Lo único que tenía claro era que alguien esperaba que ella llegara.

La situación se volvió todavía más inquietante cuando Elena observó de nuevo la fotografía. La imagen había cambiado.

Ahora, detrás de ellos, aparecía una especie de puerta circular formada por luz. Y sobre el papel había surgido una frase que no estaba antes: “Solo uno puede cruzar cuando el reloj llegue a cero”.

Darian tomó la fotografía y miró hacia la torre. Las agujas se habían detenido.

La ciudad quedó en silencio.

Elena comprendió entonces que las visiones no eran simples advertencias. Parecían estar guiándolos hacia un momento concreto, y ese momento estaba cada vez más cerca.

Sin embargo, había algo que Darian todavía no le había contado. Cuando Elena le preguntó qué significaba realmente que “solo uno” pudiera cruzar, él bajó la mirada.

Porque la respuesta podía cambiar por completo la forma en que Elena veía aquel mundo… y también la relación que estaba empezando a surgir entre los dos.

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